De las resistencias a las alternativas 2ra parte

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De las resistencias a las alternativas 2ra parte

Mensaje  dayrdan el Sáb Mar 01, 2008 1:49 pm

Nuevas resistencias por doquier
En el curso de los años 90, después de un primer período conducido por los Pinochet, los Thatcher, los Reagan y otros, surgieron nuevas formas de resistencia en diversos rincones del planeta. Gracias a diversos actores que entonces se expresaron se comenzó a colmar el vacío dejado por la crisis del movimiento obrero tradicional.
En construcción en el siglo XIX y consolidado después, poco a poco, el movimiento obrero dominó el escenario de las luchas de emancipación en el siglo XX en la mayor parte de los países del planeta. Las luchas de la Resistencia durante la segunda guerra mundial y la Liberación, las conquistas tras la victoria contra el nazismo y el fascismo fueron en gran medida conducidas por este movimiento, apoyado en sólidos bastiones de la clase obrera industrial. Maltrecho por la ofensiva neoliberal de los años 70 y 80, entró en crisis. Casi todas las direcciones de las grandes organizaciones sindicales se han burocratizado y adaptado al sistema capitalista a tal grado que actúan esencialmente como freno de las luchas y la radicalización. Nuevos sindicatos emanados de escisiones de las grandes organizaciones tradicionales desempeñan un papel de aguijones pero les cuesta ganar fuerza por que éstas les oponen poderosos obstáculos. Dentro de los grandes sindicatos, algunos sectores más a la izquierda que la burocracia central cumplen también una función saludable. Dicho esto, aunque debilitados y anestesiados, los asalariados del sector público y del sector privado se implican periódicamente en luchas de gran amplitud. Es el caso de Europa occidental, donde se producen grandes movilizaciones sociales en las que el movimiento sindical participa activamente (Italia, Francia, Alemania, Grecia, Portugal, España...). Así, en el otoño de 1995, en Francia, los asalariados se pusieron en movimiento y se deshicieron del primer ministro, Alain Juppé, lo que en el envión hizo que Lionel Jospin retirara a Francia de las negociaciones, hasta ese momento secretas, sobre el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), haciendo capotar un importante proyecto de la ofensiva neoliberal. Es también el caso de varios países de Latinoamérica, de Asia, de África y de América del Norte.
Se vio así asomar en los años 90 unos actores que hasta entonces se mantenían en la sombra. Sería en el escenario planetario donde se impondrían los movimientos campesinos: creación del Movimiento de los Sin Tierra en 1984 en Brasil, formación de la organización internacional Vía Campesina en 1982, emergencia de la figura emblemática de José Bové a partir de Seattle, consolidación del movimiento sindical de los coraleros, cultivadores de coca, dirigido por Evo Morales en Bolivia, y muchas luchas de movimientos campesinos en India, Corea del Sur y otros lugares del planeta.
¿Quién habría imaginado en los años 60, en los países industrializados, que los campesinos iban a desempeñar el papel de acicate del nuevo combate altermundialista? Este movimiento se ha convertido en un actor extremadamente importante en la resistencia a la ofensiva neoliberal y a la mercantilización del mundo, a la patente de la vida. En particular, ha formulado reivindicaciones sobre los bienes comunes: el agua, la tierra, las semillas... Estas reivindicaciones o estos valores no son una novedad, pero sí lo es la manera de presentarlas, porque tradicionalmente las conquistas de la Liberación, la consolidación de los servicios públicos no presentaban la cuestión de los bienes comunes como un objetivo reivindicado. Si bien después de la segunda guerra mundial se había mejorado el acceso a ciertos bienes comunes, tras la ofensiva neoliberal este acceso se había deteriorado y se comprendió entonces la necesidad de su defensa, o de su reconquista.
Así mismo, hay que tener en cuenta los movimientos indígenas porque también se vio a los pueblos originarios partir a la ofensiva. En Bolivia, por ejemplo, desde los años 40 hasta los 60, la vanguardia del pueblo boliviano fueron los indios mineros y sus sindicatos. Habiendo cerrado una gran parte de las minas en los años 80, fueron principalmente estos indios convertidos en cultivadores de coca y sus sindicatos los que constituyeron un movimiento a la vez campesino e indígena. Se ha visto a los mineros, jubilados o habiendo perdido su empleo, hacer frente común con los campesinos indígenas: una nueva alianza quedó establecida.
Se podría hablar también del movimiento femenino lanzado con la Marcha Mundial de Mujeres en el año 2000; de diversos movimientos de jóvenes que adquirieron gran amplitud a principios de los años 2000 (Perú, [10]| México, [11]| Estados Unidos, [12]| Italia, [13] España, [14]| Francia, [15]| Grecia, [16] Chile, [17] etc.)
Entre las nuevas fuerzas están también los «nuevos proletarios» o nuevos excluidos. Los disturbios de las banlieues de Francia en noviembre de 2005 (que tuvo una ligera extensión en Bélgica y en Alemania) y, en menor escala, a finales de noviembre de 2007 fueron una revuelta de nuevos proletarios. No se trata de aquellos que son explotados en una fábrica en un marco industrial, aunque una parte de ellos sí lo son. Los jóvenes de las periferias que se sublevaron en el otoño del 2005 son proletarios en el pleno sentido del término: no son propietarios de su herramienta de trabajo, deben tratar de alquilar sus brazos y su cerebro para vivir y mantener su familia. Viven en condiciones precarias y a menudo son víctimas del racismo.
Un desafío: la unión con los rebeldes
Los jóvenes de las banlieues son una especie de nuevo proletariado que busca y encuentra vías para expresarse con unos modos de acción adecuados. Se puede lamentar la forma que toma esta revuelta (centenares o miles de coches particulares incendiados), pero constituye un desafío fundamental para los movimientos ciudadanos organizados, para los movimientos sindicales, poder hacer una alianza con este tipo de rebelión. No es fácil, pero en el escenario fragmentado en el que vivimos, si esta alianza no se lleva a cabo, no se ve cómo, en los países del Norte, los actores que se oponen a la ofensiva neoliberal podrían realmente vencer. En los países de Europa occidental o de América del Norte, quienes tienen la suerte de tener un empleo o una jubilación asegurada y la energía para batirse porque están aún en plena forma (las personas que llegaban a la edad de jubilarse hace 40 o 50 años, no tenían las mismas posibilidades) tienen que impulsar una nueva alianza social. Si los asalariados de entre 20 y 60 años y los jubilados de los sectores organizados no encuentran los medios de hacer juntos la alianza con los sin voz, con los nuevos proletarios, para constituir un poderoso movimiento contestatario, de un cuestionamiento fundamental de la sociedad, será difícil, en los países más industrializados, realizar un cambio radical.
En efecto, un cambio siempre depende ampliamente de la joven generación, la que está en las escuelas, en las universidades, la que está sin trabajo o ya trabajando. La juventud se expresó victoriosamente en Francia en el marco del movimiento contra el CPE (contrato de primer empleo) en la primavera del 2006, y se expresa también en las banlieues.
Múltiples convulsiones revolucionarias han conmovido al mundo desde el siglo XVIII
En los siglos XVIII y XIX, se produjeron grandes conmociones revolucionarias en diverso puntos del planeta. Las revoluciones de finales del siglo XVIII en Francia, en América del Norte y en Haití que tuvieron una repercusión internacional considerable y duradera, especialmente en Latinoamérica, donde estallaron a principios del siglo XIX las guerras de independencia. En 1848, la explosión revolucionaria se extendió por varios países de Europa. Tres años más tarde, fue el turno de China. En 1851 comenzó la rebelión de los Taiping contra la dinastía Qing. «Desde los primeros días procedieron a la redistribución de las tierras, emancipando a las mujeres y predicando una forma de comunidades en las que ciertos comentaristas han querido ver ulteriormente una forma de socialismo autóctono», señala el historiador Christopher Bayly. [18] Unos años más tarde, en 1857, estalló en la India la rebelión contra la ocupación británica. Iniciada por el amotinamiento de los cipayos, soldados autóctonos integrados en el ejército de Bengala y de la Compañía de la Indias Orientales, la rebelión duró dos años y tomó formas radicales. Mientras que los gobiernos europeos se ponían de acuerdo para reprimir la onda revolucionaria en Europa, mientras que Londres aplastaba la rebelión en la India y junto con Washington ofrecían al poder chino su ayuda para sofocar la revolución de los Taiping, del lado de los pueblos no existía aún ninguna organización internacional capaz de relacionar estas luchas entre ellas a fin de reforzarlas.
Un poco antes de la primavera de 1848, en el curso de la cual se desarrolló una verdadera dinámica revolucionaria europea, Karl Marx había lanzado «un espectro recorre Europa», se refería al comunismo. Con Friedrich Engels y diversas fuerzas políticas se lanzó a la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores. Desde mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX se crearon cuatro Internacionales. [19]
En el siglo XX, las revoluciones conmocionaron Rusia en 1905 y 1917; México en 1910-1917; Alemania entre 1918 y 1923; Italia en 1918-1919; España en 1934 y 1936; China en 1949; Cuba en 1959; Argelia en 1954-1962; Nicaragua en 1979, etc. La ofensiva neoliberal y la restauración capitalista en el ex bloque soviético y en China han reducido en gran medida la perspectiva revolucionaria. Pero los focos de resistencia al neoliberalismo y al capitalismo no se extinguieron. En los años 90 emergió un movimiento de resistencia que ha logrado internacionalizarse.
El proceso del Foro Social Mundial
La nueva alianza emergente se manifiesta en parte en el proceso del Foro Social Mundial, que tiene unas características novedosas con respecto a las organizaciones internacionales de izquierda de los períodos históricos precedentes. Es netamente menos radical que las cuatro internacionales constituidas en los dos últimos siglos. El traumatismo causado por el proceso de degeneración burocrática de las experiencias socialistas del siglo XX, del gulag a la restauración capitalista en el bloque del «socialismo real» tiene mucho que ver con ello. También hay que tener en cuenta la fuerza de la ofensiva neoliberal. El Foro Social Mundial constituye un jalón en la constitución de un vasto movimiento de resistencia internacional, que está en plena evolución. Este movimiento es heteróclito y carece de epicentro. No todos los componentes de la resistencia multiforme se reconocen necesariamente en el Foro Social Mundial.
El Foro Social Mundial no tiene nada de milagroso



Dicho esto, no hay que analizar el Foro Social Mundial únicamente en sus aspectos innovadores y positivos, porque tiene limitaciones que son cada vez más evidentes. En primer lugar, como se ha dicho antes, no representa a todo el conjunto de movimientos de resistencia global. Dos ejemplos: los zapatistas de México no participan en el Foro; las luchas de resistencia en China no tienen relaciones con el Foro. Además, la noción de estrategia alternativa no está más que en sus comienzos y el viejo debate entre reformistas y revolucionarios no se ha cerrado. ¿Hay que romper con el sistema o sólo mejorarlo y hacer que aplique unos mecanismos de regulación con un capitalismo humanizado? Este debate está siempre presente y con seguridad se reanudará con energía. Se puede dividir el movimiento que es actualmente la expresión de una alianza de diferentes movimientos, más o menos radicales, sobre la base de una carta de principios. [20]
En general, estos movimientos están de acuerdo en una serie de reivindicaciones básicas que van desde la tasa Tobin hasta la anulación de la deuda del Tercer Mundo, pasando por la lucha contra los paraísos fiscales, el rechazo del patriarcado, la voluntad de paz y de desarme, el derecho a la diversidad sexual... Pero si están de acuerdo en combatir juntos sobre estas reivindicaciones, ¿cómo alcanzar estos objetivos, sin hablar de otras metas más fundamentales y radicales? Este otro mundo posible que proclamamos y que querríamos ver realizado sin tardar para que las nuevas generaciones puedan realmente vivirlo (no sólo soñar con el mismo o proclamar el deseo) ¿qué es? Hay que realizar debates estratégicos a tal efecto. No podemos obviarlo. Una evolución negativa está en camino de hipotecar el futuro del FSM. El éxito que tuvieron los diversos encuentros mundiales, que reunieron en cada ocasión decenas de miles de participantes y de delegados (en algunos casos, más de 100.000 participantes, como en Mumbai en el 2004 y en Porto Alegre en el 2006), transformó una parte de los protagonistas en organizadores de eventos y en colectores de fondos. Su visión de la alternativa se limita en gran medida a la humanización de la mundialización neoliberal. Los movimientos sociales y las mismas campañas internacionales, caladas por los debates entre radicales y moderados, no llegan a tener un peso suficiente en cuanto al futuro del FSM. La montaña corre el peligro de parir un ratón y el FSM el de empantanarse en la organización de una sucesión de reuniones.

dayrdan

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