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E. Lander sobre Honduras y E. Tousaint Crisis Financiera

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Mensaje  dayrdan Dom Jul 05, 2009 11:30 am


CIM: Edgardo Lander sobre Honduras y Erick Tousaint, Crisis Financiera internacional
Por: aporrea/CIM
Fecha de publicación: 05/07/09




E. Lander sobre Honduras y E. Tousaint Crisis Financiera Vctor_ros_gnral._alberto_muller_rojas_luis_bonilla_y_edgardo_lander_p
Víctor Ríos, Gral. Alberto Muller Rojas, Luis Bonilla y Edgardo Lander
Credito: CIM
Edgardo Lander

Antes de entrar en tema quisiera aprovechar la oportunidad para felicitar al CIM por el evento recientemente realizado que ha abierto un nivel de debate público sobre el proceso político venezolano que era extraordinariamente necesario y que seria muy importante que tuviese posibilidades de continuidad y ampliación.

Yo quisiera abordar el tema desde una mirada geopolítica abordando lo que ocurre hoy en Honduras en el contexto de procesos de acomodo que se están dando en orden mundial y el papel de los EE.UU. en el sistema mundial actual.

En primer lugar, quisiera decir, sin posibilidad de entrar en detalle por razones de tiempo, que creo que es importante ubicarnos en una coyuntura extraordinariamente particular en la cual lejos de estar en presencia de una crisis financiera o una crisis económica, nos encontramos en un momento histórico de confluencia de planos y niveles de crisis que no son la misma, que tiene tiempos diferentes, que tiene dinámicas y velocidad diferentes, pero que interactúan sobredeterminan una a la otra y crean unas complejidades absolutamente novedosas. Creo, en segundo lugar, que lo más evidente es que nos encontramos ante el fin del neo-liberalismo entendido fundamentalmente como el período de los últimos 30 años en los cuales fue dominante la distopía de acuerdo a la cual los mercados se podían autorregular, esto demostró su inviabilidad y los efectos de las transformaciones profundas que crearon estas tres décadas de neoliberalismo en las que se preservan las profundas desigualdades, los procesos de concentración de riqueza-poder, etc., están ahí pero la continuidad del funcionamiento del sistema capitalista hoy obviamente requiere otras opciones. Igualmente creo que nos encontramos en un momento de reacomodo hegemónico global. La plena hegemonía de los EE.UU. que se consolidó con el colapso del muro Soviético está en proceso de cuestionamiento, sobre esto regresaré más adelante.

En tercer lugar, mucho más importante que los otros dos aspectos anteriores es que nos encontramos hoy confrontados a una profunda, yo diría terminal, crisis del patrón civilizatorio, un patrón civilizatorio que es capitalista peor no sólo capitalista, el patrón civilizatorio de la guerra de los humanos en contra del resto de la vida de la naturaleza, un patrón civilizatorio de crecimiento sin fin, el patrón civilizatorio de la sociedad industrial, este patrón industrial nos está acercando a pasos muy acelerados a la imposibilidad de la continuidad de la vida humana en el planeta tierra. Entonces, creo que existe una cierta tendencia marcada, entre otras cosas, por la construcción disciplinaria de los saberes que hace que tengamos la tendencia de hablar de un asunto o de otro asunto o de otro asunto, como si el tema de la crisis civilizatoria fuese, los limites del planeta, cambio climático, fuesen temas diferentes a los temas de la geopolítica o a los temas de los patrones de políticas económicas, etc., cuando en realidad están extraordinariamente articulados.

Por razones de tiempo quisiera matizar la dimensión geopolítica y explorar las explicaciones que tiene para mirar lo que ocurre hoy, no tanto al interior de Honduras sino a las respuestas que se han dado a este golpe de estado, en términos de lo que repito puede caracterizarse como el proceso de transición en el sistema hegemónico global, y entre un estado de plena hegemonía de los EE.UU. y sus corporaciones en el sistema Mundo, a una probablemente larga fase de reacomodo de conflictos, de tensiones hacia otro patrón de poder que no se caracterizará por ser unipolar, pero cuyas características difícilmente podemos prever con claridad en el presente.

La plena hegemonía de los EE.UU. en el sistema mundo sólo se consolidó con el colapso del muro soviético, donde pasamos a una situación claramente unipolar, donde había por parte de esta gran potencia hegemonía en el terreno económico financiero cultural militar y político, el tener todo esto en un solo estado completo militar-industrial empresarial, etc. Es desde el punto de vista histórico un hecho absolutamente inédito; nunca antes en la historia de la humanidad existió una potencia que tenía este nivel de hegemonía sobre el conjunto del planeta tal como lo logró EE.UU. en estos breves años, sin embargo los mitos, como señalaba el General Müller Rojas, del fin de la historia del Siglo Americano, resultaron de muy corta duración, el crecimiento de la economía china, el proceso de desmantelamiento de aproximadamente la mitad de la capacidad industrial de los EE.UU. durante este periodo de 30 años, el crecimiento sostenido de la India, la recuperación como se señaló tanto económica como militarmente y políticamente de Rusia, está conduciendo hacia una nueva situación en la cual, esta plena hegemonía ya podemos ver que en varios de estos planos efectivamente ha dejado de existir.

EE.UU. tiene plena hegemonía en el terreno militar pero en casi todos los otros planos encuentra que la situación ha dejado de ser tan clara. Lo que quisiera acá abordar es ¿Cómo responden los círculos dominantes de los EE.UU.? ¿Cómo se responde en la geopolítica, en el pensamiento estratégico en los tanques de pensamiento de la derecha, en las elaboraciones del Pentágono, del Departamento de Estado, a estas cambiantes convicciones, la política de los neo conservadores? Fue lo que consistió en la idea de que era posible contener el declive relativo de la hegemonía plena de los EEUU por la vía militar, esto es una agresiva política militar que la doctrina de seguridad nacional aparece planteada en los términos de impedir el surgimiento de otra alguna potencia que amenace la plena hegemonía de los EE.UU. ya sea a nivel global o a nivel regional. Sin embargo, para otras miradas al interior de círculos de poder dentro de los EE.UU. esta era una salida que lejos de ser respuesta, lo que hacia era acelerar el proceso de declive, y esto por varias razones. Primero, porque conducía inevitablemente a lo que había sido señalado por el historiador Paul Kennedy cuando señalaba los ciclos del surgimiento y caída de los grandes imperios como momentos de sobre-extensión militar, llevaban inexorablemente a la incapacidad de dar respuesta a todos los retos que se iban asumiendo regularmente, igualmente se destaca el hecho de que en la medida de que la preservación de la hegemonía se hacía por una vía militar cada vez más torpemente manejada en el terreno de no buscar alianzas y como ya se señaló violentan por completo toda la normativa de los sistemas jurídicos internacionales. Esto tuvo extraordinarias consecuencias en el prefijo de los EE.UU. generando niveles de anti-norteamericano globales nunca antes conocidos, que igualmente provocó respuestas defensivas por parte de los otros, de diferentes formas, estas respuestas defensivas son en versión militar por parte de Rusia sobre el acuerdo de cooperación de Shangai, como cooperación que tiende a hacer económico-política con posibilidades militares, empieza a aparecer lugares en los cuales se articulan otros intereses en alguna forma defensiva en relación a la amenaza creciente representada por los EE.UU. con su política imperialista.

Uno de los asesores más importantes y más excluyentes de la nueva administración del gobierno de Obama, Bresisnsky, señala calramente que la pretensión de preservar el papel de único soberano en el planeta por la vía militar no sólo lo detiene el declive sino que lo acelera, y que necesariamente la política global de los EE.UU. tiene que reconocer el nuevo contexto internacional y este nuevo contexto lo caracteriza no sólo por la emergencia de estos nuevos poderes, la emergencia de China por el papel creciente de otros paises del Sur, los procesos de integración de América Latina, sino por lo que Bresisnky califica como un proceso de despertar político global que genera sobre todo en el sur exigencias, demandas y movilizaciones que ya no pueden ser contenidas por la vías anteriores.

Aquí para la política exterior de los EE.UU. el gran debate en este momento es un debate que el propio Bresisnsky señala que es incipiente, que es ¿Cómo ocurrirá esta transición? Cuando se habla de cambios de un sistema hegemónico a otro tiende a pensarse que es más estable un sistema unipolar donde una sola potencia es capaz de imponer su voluntad de imponerle límites a la acción de los otros que una transición, donde hay pugnas sobre el establecimiento de quien puede que.

El problema está en cómo es la naturaleza de esta transición, ocurrirá una transición que yo personalmente creo que es inevitable, que está en marcha. El problema es si esta transición ocurre por la vía de generar niveles crecientes de inestabilidad, de intervención militar, de amenazas de guerra armamentista, etc., y como plantean algunos de los pensadores geopolíticos detrás de la administración actual de EE.UU. por la vía de reconocimiento de estas tendencias y la búsqueda de reacomodo en términos de preservar al máximo posible los intereses y la primacía del nuevo contexto global, pero por la vía de algunos otros niveles, no de confrontación con todos a la vez sino de reconocimiento de colaboración con otros, etc.


Primero, quiero argumentar la tesis que voy a defender con razón a esto: creo que no tenemos suficientes elementos de información en términos de los pocos meses transcurridos hasta ahora para saber exactamente cuál va ha ser rene l tiempo la respuesta de el nuevo gobierno en relación a estas tensiones y que probablemente nos vamos a encontrar con que va a ser aun situación bastante conflictiva donde vamos a ver expresiones de continuidad, de ruptura, intentos de ruptura frenados por los poderes profundamente establecidos no sólo a nivel corporativo sino a nivel de la propia burocracia estatal.

Hay unas señales que yo creo que no hay que pensar que son puro discurso, sino que apuntan en una intencionalidad que podría apuntar en otra dirección, cuando en el discurso del Cairo, por ejemplo, Obama habla de que EE.UU. no está en una guerra contra el Islam o cuando desaparece de la terminología pública del gobierno de los EE.UU. la guerra contra el terror, o cuando Hillary Clinton declara en México que EE.UU. es corresponsable de la violencia y el narcotráfico mexicano porque EE.UU. suministra el mercado y las armas de esa guerra, cuando en la reunión de la OEA realizada preciosamente en Tegucigalpa hace pocas semanas, se decide echar para atrás una decisión tomada hace tantos años de expulsión de Cuba del sistema interamericano, cuando se toman decisiones que comienzan a abrir una cierta brecha de profundidad e disminución de las rígidas normas de control sobre el intercambio entre los EE.UU. y Cuba, son cosas que apuntan a las posibilidades de otras formas de actuar. Cuando Obama en lugar de llegar con la prédica evangélica de Bush a la cumbre de las Américas, lo primero que dice es “yo vengo a escuchar, tenemos que reconocer que aquí hay cambios”. Las cuestiones que nos plantea esto son las siguientes: ¿Estos cambios son retóricos? ¿Estos cambios señalan otra intencionalidad? ¿Señalan la posibilidad de un re-direccionamiento del mundo y de la política exterior? Hacen como un reconocimiento de las nuevas condiciones en q se encuentra el planeta y un reconocimiento de que continuar con el déficit presupuestario, comercial, con el endeudamiento creciente con la sobreextension militar, no se logra la defensa de los intereses de los Estados Unidos como dice Bresinsky, esos son los escritos que están colocados de una forma muy caliente en el debate estratégico de los EE.UU. En este sentido podemos ver como los procesos que se dan en América Latina, ocurren en otro espacio geopolítico que tiene que ver por supuesto con extraordinarias movilizaciones, transformaciones políticas, gobiernos progresistas de izquierda, etc., que caracterizan este lado del continente pero que también tiene que ver con la forma en que los EE.UU. reacciona o no reacciona ante determinados hechos. Hay que destacar como un hito histórico absolutamente novedoso, la reunión de los Presidentes del Sur en San Pedro, Chile, en diciembre del año pasado cuando ante una crisis severa a la amenaza de la derecha al proceso boliviano los países de América del Sur deciden reunirse sin la OEA, con presencia de los EE.UU. y acuerdan darle un apoyo claro al gobierno de Evo Morales e inclusive una comisión que va a investigar los asesinatos cometidos por la derecha, esto no hubiese ocurrido, y no sólo ocurrido, sino inimaginablemente posible hace 5 ó 10 años. Entonces, en este nuevo tiempo que podemos leer las respuestas a la crisis producida por un golpe de estado en Honduras, tanto Obama como HIllary Clinton han utilizado la palabra Golpe de Estado en declaraciones públicas, la declaración firmada apoyada por la delegación de EE.UU. a la OEA es absolutamente tajante señalando que no se reconocería ningún otro gobierno diferente al presidente constitucional electo. Esta no es la respuesta que hubiese dado un gobierno republicano pero tampoco es la que hubiera dado el gobierno de Clinton, es una nueva situación geopolítica en el continente, ¿Cuáles son las responsabilidades de las fuerzas armadas de los EE.UU., de la inteligencia de los EE.UU., en el golpe? No hace falta especular demasiado para suponer que son muchas.


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Mensaje  dayrdan Dom Jul 05, 2009 11:31 am

Las fuerzas armadas hondureñas son armadas entrenadas por los EE.UU. hay presencia permanente de oficiales de los EE.UU. con base militar en Honduras, Honduras fue el lugar primordial desde el cual actuó el gobierno de Reagan en contra de los procesos nicaragüenses y salvadoreños en décadas pasadas, eso esta ahí.

Por potra parte, como también señalaba el General Müller, Honduras es una sociedad profundamente jerárquica, formalizada, una sociedad donde el proceso de incorporación a la dinámica de y la izquierda, por llamarlo de alguna manera, del gobierno en los últimos dos años no puede ser caracterizado como producto de un largo proceso de acumulación de fuerzas y movilización popular, lo cual le da una extraordinaria precariedad con respecto a este proceso, y obviamente los intereses empresariales de la iglesia de los partidos tradicionales están firmemente instalados. Entonces nos encontramos acá en una situación un poco extraña en la cual parece ser que la capacidad de resistencia interna es menor que la extraordinaria unanimidad de respuesta internacional. Todos los países de América Latina retiraron embajadores, la UE, EE.UU. se pronuncio inmediatamente. Al respecto hay una serie de exigencia que veremos en los próximos días: de expulsar a Honduras de la OEA y algún tipo de sanciones de acuerdo a la carta democrática que puedan implementarse.

Bueno, una unanimidad en la respuesta internacional, incluyendo los gobiernos de derecha, Panamá, Colombia, Perú, entonces vemos acá la forma en la cual lo que creo que son asuntos de conflictos internos fuertes al interior del gobierno de los EE.UU. de la intencionalidad de ciertos sectores del gobierno de la gente que acompaña a Obama de darle una nueva dirección a la política de los EE.UU. y esto es un reto, quizás el primer reto importante que se le presenta en el continente, relacionado con el hecho de cómo responder a esta situación. Entonces, la simultanea búsqueda de reorientación y la reafirmación de la más agresiva política de militarismo como la política en relación a Afganistán o Pakistán, creo que nos demuestran el conflicto en el cual está colocado este gobierno. No quiero describir a Obama como el bueno en el interior de una estructura podrida, pero creo que tiene sentido explorar las tensiones que se dan al interior de este nuevo gobierno como reto en el progresivo reconocimiento de es que ya los EE.UU. como potencia única no tiene capacidad de imponer a voluntado lo que quiera en el mundo. Muchas gracias

Latinoamérica: en pro de una integración regional y una desvinculación parcial del mercado capitalista mundial
Debemos aprender las lecciones del siglo XX para aplicarlas al comienzo del siglo XXI

Eric Toussaint
Caracas - 7 octubre 2008

La crisis económica y financiera internacional cuyo epicentro se halla en Estados Unidos tendría que ser aprovechada por los países latinoamericanos para construir una integración favorable a los pueblos y al mismo tiempo iniciar una desvinculación parcial.
Se debe aprender las lecciones del siglo XX para aplicarlas en este comienzo de siglo. Durante la década de los 1930 que siguió la crisis que estalló en Wall Street en 1929, hubo 12 países de Latinoamérica que fueron directamente afectados y que, en consecuencia, suspendieron de manera prolongada el reembolso de sus deudas externas contraídas, principalmente, con banqueros de América del Norte y de Europa occidental. Algunos de ellos, como Brasil y México, impusieron a sus acreedores, diez años más tarde, una reducción de entre el 50 y el 90% de su deuda. México fue el que llevó más lejos las reformas económicas y sociales. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, la industria del petróleo fue completamente nacionalizada sin que por ello los monopolios norteamericanos fueran indemnizados. Además, 16 millones de hectáreas fueron también nacionalizadas y retornadas en su mayor parte a la población indígena bajo la forma de bienes comunales. En el transcurso de los años treinta y hasta mediados de los sesenta, varios gobiernos latinoamericanos llevaron a cabo políticas públicas muy activas con el fin de conseguir un desarrollo parcialmente autocentrado, conocidas más tarde con el nombre de modelo de industrialización por substitución de importaciones (ISI). Por otra parte, a partir de 1959, la revolución cubana intentó dar un contenido socialista al proyecto bolivariano de integración latinoamericana. Este contenido socialista despuntaba ya en la revolución boliviana de 1952. Fue necesaria la brutal intervención estadounidense, apoyada por las clases dominantes y las fuerzas armadas locales, para terminar con el ciclo ascendente de emancipación social de este período. Bloqueo de Cuba desde 1962, junta militar en Brasil desde 1964, intervención estadounidense en Santo Domingo en 1965, dictadura de Banzer en Bolivia en 1971, golpe de Estado de Pinochet en Chile en 1973, instalación de las dictaduras en Uruguay y en Argentina. El modelo neoliberal fue puesto en práctica primero en Chile, con Pinochet y la ayuda intelectual de los Chicago boys de Milton Friedman, y luego se impuso en todo el continente, favorecido por la crisis de la deuda que estalló en 1982. A la caída de las dictaduras en los años ochenta, el modelo neoliberal continuó vigente gracias principalmente a la aplicación de los planes de ajuste estructural y del Consenso de Washington. Los gobiernos de Latinoamérica fueron incapaces de formar un frente común, y la mayoría aplicó con docilidad las recetas dictadas por el Banco Mundial y el FMI. Esto acabó produciendo un gran descontento popular y una recomposición de las fuerzas populares que condujo a un nuevo ciclo de elecciones de gobiernos de izquierda o de centro izquierda, comenzando por Chávez en 1998, que se comprometió a instaurar un modelo diferente basado en la justicia social.

En este comienzo del siglo, el proyecto bolivariano de integración de los pueblos de la región ha tenido un nuevo impulso. Si se quiere llevar más lejos este nuevo ciclo ascendente es necesario aprender las lecciones del pasado. Lo que le faltó, en particular, a Latinoamérica durante las décadas de 1940 a 1970 fue un auténtico proyecto de integración de las economías y de los pueblos combinado con una verdadera redistribución de la riqueza en favor de las clases trabajadoras. Ahora bien, es vital tener conciencia de que hoy en Latinoamérica existe una disputa entre dos proyectos de integración, que tienen un contenido de clase antagónico. Las clases capitalistas brasileña y argentina (las dos principales economías de América del Sur) son partidarias de una integración favorable a su dominación económica sobre el resto de la región. Los intereses de las empresas brasileñas, sobre todo, así como de las argentinas, son muy importantes en toda la región: petróleo y gas, grandes obras de infraestructuras, minería, metalurgia, agrobusiness, industrias alimentarias, etc. La construcción europea, basada en un mercado único dominado por el gran capital, es el modelo que quieren seguir. Las clases capitalistas brasileña y argentina quieren que los trabajadores de los diferentes países de la región compitan entre sí, para conseguir el máximo beneficio y ser competitivos en el mercado mundial. Desde el punto de vista de la izquierda, sería un trágico error recurrir a una política por etapas: apoyar una integración latinoamericana según el modelo europeo, dominada por el gran capital, con la ilusoria esperanza de darle más tarde un contenido socialmente emancipador. Tal apoyo implica ponerse al servicio de los intereses capitalistas. No hay que entrar en el juego de los capitalistas, intentando ser el más astuto y dejando que éstos dicten sus reglas.

El otro proyecto de integración, que se inscribe en el pensamiento bolivariano, quiere dar un contenido de justicia social a la integración. Esto implica la recuperación del control público sobre los recursos naturales de la región y sobre los grandes medios de producción, de crédito y de comercialización. Se debe nivelar por arriba las conquistas sociales de los trabajadores y de los pequeños productores, reduciendo al mismo tiempo las asimetrías entre las economías de la región. Hay que mejorar sustancialmente las vías de comunicación entre los países de la región, respetando rigurosamente el ambiente (por ejemplo, desarrollando el ferrocarril y otros medios de transporte colectivos antes que las autopistas). Hay que apoyar a los pequeños productores privados en numerosas actividades: agricultura, artesanado, comercio, servicios, etc. El proceso de emancipación social que persigue el proyecto bolivariano del siglo XXI pretende liberar la sociedad de la dominación capitalista apoyando las formas de propiedad que tienen una función social: pequeña propiedad privada, propiedad pública, propiedad cooperativa, propiedad comunal y colectiva, etc. Así mismo, la integración latinoamericana implica dotarse de una arquitectura financiera, jurídica y política común.

Se debe aprovechar la actual coyuntura internacional, favorable a los países en desarrollo exportadores de productos primarios antes de que la situación cambie. Los países de Latinoamérica han acumulado cerca de 400.000 millones de dólares en reservas de cambio. Es una suma no despreciable, que está en manos de los Bancos Centrales latinoamericanos, y que debe ser utilizada en el momento oportuno para favorecer la integración regional y blindar al continente frente a los efectos de la crisis económica y financiera que se desarrolla en América del Norte y Europa, y que amenaza a todo el planeta. Lamentablemente, no hay que hacerse ilusiones: Latinoamérica está en vías de perder un tiempo precioso, mientras los gobiernos prosiguen, más allá de la retórica, una política tradicional: firma de acuerdos bilaterales sobre inversiones, aceptación o continuación de negociaciones sobre ciertos tratados de libre comercio, utilización de las reservas de cambio para comprar bonos del Tesoro de Estados Unidos (es decir, prestarle capital a la potencia dominante) o credit default swaps cuyo mercado se ha hundido con Lehman Brothers, AIG, etc., pago anticipado al FMI, al Banco Mundial y al Club de París, aceptación del tribunal del Banco Mundial (CIADI) para resolver los diferendos con las transnacionales, continuación de las negociaciones comerciales en el marco de la agenda de Doha, mantenimiento de la ocupación militar de Haití. Después de un ruidoso y prometedor arranque en el 2007, las iniciativas anunciadas en materia de integración latinoamericana parecen haberse frenado en el 2008.

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Mensaje  dayrdan Dom Jul 05, 2009 11:32 am

En cuanto al lanzamiento del Banco del Sur, éste lleva mucho retraso. Las discusiones no se profundizan. Hay que salir de la confusión y dar un contenido claramente progresista a esta nueva institución, cuya creación fue decidida en diciembre del 2007 por siete países de América del Sur. El Banco del Sur tiene que ser una institución democrática (un país, un voto) y transparente (auditoría externa). Antes que financiar con dinero público grandes proyectos de infraestructura, pocos respetuosos del ambiente, realizados por empresas privadas, cuyo objetivo es obtener el máximo beneficio, se debe apoyar los esfuerzos de los poderes públicos para promover políticas tales como la soberanía alimentaria, la reforma agraria, el desarrollo de la investigación en el campo de la salud y la implantación de una industria farmacéutica que produzca medicamentos genéricos de alta calidad; reforzar los medios de transporte colectivo ferroviario; utilizar energías alternativas para limitar el agotamiento de los recursos naturales; proteger el ambiente; desarrollar la integración de los sistemas de enseñanza...

Al contrario de lo que muchos creen, el problema de la deuda pública no se ha resuelto. Es verdad que la deuda pública externa se ha reducido, pero ha sido sustituida por una deuda pública interna que, en ciertos países, ha adquirido proporciones totalmente desmesuradas (Brasil, Colombia, Argentina, Nicaragua, Guatemala), a tal punto que desvía hacia el capital financiero parasitario una parte considerable del presupuesto del Estado. Es muy conveniente seguir el ejemplo de Ecuador, que estableció una comisión de auditoría integral de la deuda pública externa e interna, a fin de determinar la parte ilegítima, ilícita o ilegal de la misma. En un momento en el que, tras una serie de operaciones aventuradas, los grandes bancos y otras instituciones financieras privadas de Estados Unidos y de Europa borran unas deudas dudosas por un monto que supera largamente la deuda pública externa de Latinoamérica con ellos, hay que constituir un frente de países endeudados para obtener la anulación de la deuda.

Se debe auditar y controlar estrictamente a los bancos privados, porque corren el peligro de ser arrastrados por la crisis financiera internacional. Hay que evitar que el Estado sea llevado a nacionalizar las pérdidas de los bancos, como ya ha pasado tantas veces (Chile bajo Pinochet, México en 1995, Ecuador en 1999-2000, etc.). Si hay que nacionalizar unos bancos al borde de la bancarrota, esto debe hacerse sin indemnizaciones y ejerciendo el derecho de reparación (repetición) sobre el patrimonio de sus propietarios.

Por lo demás, han surgido numerosos litigios en estos últimos años entre los Estados de la región y multinacionales, tanto del Norte como del Sur. En lugar de remitirse al Centro Internacional de Resolución de Diferendos en materia de Inversiones (CIADI), que es parte del Banco Mundial, dominado por un puñado de países industrializados, los países de la región tendrían que seguir el ejemplo de Bolivia, que se ha retirado del mismo. Deberían crear un organismo regional para la resolución de litigios en cuestiones de inversiones. En materia jurídica, los Estados latinoamericanos deberían aplicar la doctrina Drago y negarse a renunciar a su jurisdicción en casos de litigio con otro Estado o con empresas privadas. ¿Cómo se puede seguir firmando contratos de préstamos o contratos comerciales que prevén que, en caso de litigio, sólo son competentes las jurisdicciones de Estados Unidos, del Reino Unido o de otros países del Norte? Se trata de una renuncia inadmisible del ejercicio de la soberanía.

Es conveniente restablecer un control estricto de los movimientos de capitales y del cambio, a fin de evitar la fuga de capitales y los ataques especulativos contra las monedas de la región. Es necesario que los Estados que quieren materializar el proyecto bolivariano de integración latinoamericana para una mayor justicia social avancen hacia una moneda común.

Naturalmente, la integración debe tener una dimensión política: un Parlamento latinoamericano elegido por sufragio universal en cada uno de los países miembros, dotado de un poder legislativo real. En el marco de la construcción política, hay que evitar la repetición del mal ejemplo europeo, donde la Comisión Europea (o sea, el gobierno europeo) dispone de poderes exagerados con respecto al Parlamento. Hay que caminar hacia un proceso constituyente democrático a fin de adoptar una Constitución política común. En este caso también, se debe evitar reproducir el procedimiento antidemocrático seguido por la Comisión Europea para tratar de imponer un tratado constitucional elaborado sin la participación activa de la ciudadanía y sin someterlo a un referéndum en capa país miembro. Por el contrario, hay que seguir el ejemplo de las asambleas constituyentes de Venezuela (1999), Bolivia (2007) y Ecuador (2007-2008). Los importantes avances democráticos logrados en el curso de estos tres procesos tendrían que ser integrados en un proceso constituyente bolivariano.

Así mismo, es necesario reforzar las competencias de la Corte Latinoamericana de Justicia, en particular en materia de garantía del respeto de los derechos humanos que son indivisibles.

Hasta este momento, coexisten varios procesos de integración: Comunidad Andina de Naciones, Mercosur, Unasur, Caricom, Alba... Es importante evitar la dispersión y adoptar un proceso integrador con una definición político-social basada en la justicia social. Este proceso bolivariano debería reunir a todos los países de Latinoamérica (América del Sur, América Central y Caribe) que se adhieran a esta orientación. Es preferible comenzar la construcción común con un núcleo reducido y coherente, que con un conjunto heterogéneo de Estados cuyos gobiernos siguen orientaciones políticas sociales contradictorias, cuando no antagónicas.

La integración bolivariana debe ir acompañada de una desvinculación parcial del mercado capitalista mundial. Se trata de ir suprimiendo progresivamente las fronteras que separan los Estados que participan en el proyecto, reduciendo las asimetrías en los países miembros especialmente gracias a un mecanismo de transferencia de riqueza desde los Estados más «ricos» a los más «pobres». Esto permitirá ampliar considerablemente el mercado interior y favorecerá el desarrollo de los productores locales bajo diferentes formas de propiedad. Permitirá poner en vigencia el proceso de desarrollo (no sólo la industrialización) por sustitución de importaciones. Por descontado, ello implica el desarrollo, por ejemplo, de una política de soberanía alimentaria. Al mismo tiempo, el conjunto bolivariano constituido por los países miembros se desvinculará parcialmente del mercado capitalista mundial. En particular, esto implicará abrogar tratados bilaterales en materia de inversiones y de comercio. Los países miembros del grupo bolivariano también deberían retirarse de instituciones tales como el Banco Mundial, el FMI y la OMC, promoviendo al mismo tiempo la creación de nuevas instancias mundiales democráticas y respetuosas de los derechos humanos indivisibles.

Como se indicó antes, los Estados miembros del nuevo grupo bolivariano se dotarán de nuevas instituciones regionales, como el Banco del Sur, que desarrollarán relaciones de colaboración con otras instituciones similares constituidas por Estados de otras regiones del mundo.

Los Estados miembros del nuevo grupo bolivariano actuarán con el máximo número de terceros Estados por una reforma democrática radical del sistema de las Naciones Unidas, con el objetivo de hacer cumplir la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y los numerosos instrumentos internacionales favorables a los derechos humanos, tales como el pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales (1966), la carta de los derechos y deberes de los Estados (1974), la declaración sobre el derecho al desarrollo (1986), la resolución sobre los derechos de los pueblos indígenas (2007). Igualmente, prestarán apoyo a la actividad de la Corte Penal Internacional y de la Corte Internacional de Justicia de la Haya. Favorecerán el entendimiento entre los Estados y los pueblos a fin de actuar para que se limite al máximo el cambio climático, ya que esto representa un terrible peligro para la humanidad.


--
Eric Toussaint
CADTM Belgique
345 Avenue de l'Observatoire
4000 LIEGE
Belgique
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